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Esta destacada mujer fungió como Oriate y la Regla de Osha existió gracias a la persistencia, a la rigidez y a la robustez de mujeres como esta

Ma Monserrate González “Oba Tero”. Nacida en Nigeria. Era originalmente de Egbado, una ciudad que formaba parte del Imperio Oyó (lo que ahora llamamos Yorubaland) y de donde provienen la mayoría de los rituales ceremoniales cubanos. De las tres Olosha, las leyendas que rodean la vida y las actividades de Oba Tero en Matanzas, representan la fuente más rica de información. Con toda probabilidad. Oba tero era la mas vieja de las 3, aunque es imposible saber exactamente cuando nació.

Sintesis biográfica

Era originalmente de Egbado, una ciudad que formaba parte del Imperio Oyó (lo que ahora llamamos Yorubaland) y de donde provienen la mayoría dde los rituales ceremoniales cubanos. Monserrate fue coronado con Shangó y nombrado Oba Tero. Fue traída a La Habana Cuba en la década de 1840 durante la trata de esclavos. Debido a su estatus real en Egbado; Fue comprada fuera de la esclavitud por los esclavos leales a ella. Es una de las fundadoras Lucumí en Matanzas y madrina de Fermina Gómez Las leyendas que rodean la vida y las actividades de Oba Tero en Matanzas, representan la fuente más rica de información. Con toda probabilidad, Oba Tero era la más vieja, aunque es imposible saber exactamente cuándo nació. Muchos especulan que ella estaba bien pasada de los 100 años. Es altamente probable que Oba Tero fuera de la región Egbado de Yorubaland y fue traída a Cuba como esclava. Los descendientes convienen que su nombre yoruba de nacimiento era Apóto y que Oba Tero – “El rey tiene gran calma” – era el nombre que le dieron cuando ella fue ordenada en su Egbado nativo a Shangó, el Orisha del trueno, el patrón de Oyó y posiblemente uno de los reyes del imperio.

Según la tradición oral, Oba Tero llegó a Cuba alrededor de los mediados del siglo XVIII, posiblemente entre los años 1840 o 1850. Debido a los esfuerzos de Gran Bretaña de terminar con el comercio trasatlántico de esclavos, ella pudo haber sido pasada de contrabando a la isla en una de las muchas naves esclavistas clandestinas que transportaron esclavos de África ilegalmente en esa época. De ser así su experiencia habría sido similar a la de Soledad Crespo, una conocida Sacerdotisa Lucumí de Obbatalá que viajó a Cuba vía Sierra Leona y fue pasada de contrabando a la isla, probablemente ocultada dentro de un barril. Nada se sabe sobre los años iniciales de Oba Tero en la isla. La mayoría de los informadores acentuaron que ella había sido una esclava en una plantación de azúcar, sin nombre, posiblemente Oba Tero había sido llevada directamente a Matanzas. La dureza de la vida de la plantación pudo haber sido una razón por la que ella era renuente a hablar sobre los primeros años de su vida en Cuba con sus descendientes. O, si ella lo discutió, pudo haber sido considerada como irrelevante por sus descendientes y cualquier detalle que se pudiera haber sabido, ha sido largamente olvidado. Aunque los detalles de la vida de Oba Tero bajo esclavitud hayan caducado de la conciencia de sus descendientes religiosos, el orgullo que toman sobre su lugar de nacimiento es extremadamente fuerte. Es aceptado universalmente que Oba Tero nació en Egbado.

Vida Religiosa

En Matanzas, donde su herencia conserva mucha de su pureza original, el linaje y sus tradiciones fueron continuadas por la heredera religiosa inmediata de Oba Tero Fermina Gómez (Osha Bi) hasta 1950, y desde entonces por los descendientes de Osha Bi. Incluso hoy, cuando los miembros del linaje discuten cuestiones referentes a la autenticidad religiosa y los acoplamientos del grupo a África, estos continúan siendo fuente de muchas calurosas discusiones y acentúan que son Lucumí Egbado y que Oba Tero fue llevada de (Egbado). Esta contención es apoyada por la existencia, dentro del Ilé Osha de Oba Tero, de los Orishas que se consideran tener origen Egbado.

Aunque Yemayá es el Orisha que se liga lo más de cerca posible al Egbado, los Orishas que en Cuba son los más comúnmente posibles asociados con Egbado son Oduduwá, el progenitor de la gente del yoruba y Olokun, el Orisha yoruba del océano. Mientras que estas Deidades se conocen en muchas áreas de Yorubaland y no exclusivamente en Egbado, la mayoría de los Olorishas en la isla las consideran de origen de Egbado, posiblemente porque fueron introducidos por los Egbado. Indudablemente, estos Orishas eran de gran importancia en el Egbado del siglo XIX. En su revisión de documentos primarios escritos por europeos que vivían en Yorubaland en el siglo XIX, Peter Mackenzie indicó que en 1846: “Vieron que todos los ciudadanos de Ado [una ciudad de Awori- Egbado] se dedicaban a uno o a otro de estos Orishas Oduduwá, Obbatalá, o Yewá”.

Tan fuerte es la asociación entre estas deidades y este linaje religioso, que Oba Tero, la más conocida de entre un puñado de Iyalorishas cubanas que poseía estos Orishas, sea a quién se le acredite la introducción de la adoración de Oduduwá y de Olokunen Cuba. Hasta alrededor 1950, a través de sus descendientes, el linaje de Oba Tero continuó siendo la fuente más importante para la adoración y la difusión de Olokun en la isla. Hay muchos artefactos culturales en la casa de Osha Bi en la calle Salamanca en Matanzas, que fueron confiados a ella por Oba Tero a su muerte. Los cuales sirven como evidencia para apoyar los orígenes Egbado de Oba Tero. Entre éstos está el único juego de tambores Egbado que todavía existen en Cuba. Estos tambores fueron, con toda la probabilidad, hechos para Oba Tero en La Habana por el famoso Onilú (fabricante de tambores) Ño Filomeno García (Atandá), que también se cree que esculpió el primer juego de tambores Batá ortodoxos en Cuba.

 

De muchas maneras, es irónico que los elementos de la vida de Oba Tero se puedan reconstruir a través de los instrumentos musicales que se prohibían tocar a las mujeres. Oba Tero probablemente había mandado a construir estos tambores cuando ella vivía en Guanabacoa, un suburbio de La Habana y la ciudad vecina de Regla, “La Cuna” Lucumí. Regla era un importante enclave Lucumí en la Cuba del siglo XIX y comienzos del XX. Muchas tradiciones Lucumí que sobrevivieron en Cubavinieron a la isla a través del puerto de Regla. Durante principios del siglo XIX, la influencia Egbado parece haber sido fuerte allí. El gran investigador Fernando Ortiz reporta que una celebración destinada a Olokun ocurría en Regla anualmente el 6 de enero, junto a la celebración tambores católica del día de Reyes. Los de Egbado, según Fernando Ortiz, eran tocados por músicos Egguado que: “Sabían los golpes y los ritmos”. Eventualmente, dice Fernando Ortiz, cuando estos músicos fueron muriendo, no había nadie que supiera tocar los tambores Egbado para substituirlos. A medida que el tiempo pasó, las tradiciones de Oyó eclipsaron las de Egbado y los tambores del Batá de Oyó se convirtieron en el instrumento musical dominante.

Relaciones religiosas

Oba Tero Probablemente adquirió su libertad a finales de los 1860, dejando detrás la plantación y los malos recuerdos de su sistema de trabajo inhumano. La ciudad ofreció a ex-esclavos muchas posibilidades en términos de empleo y supervivencia. Fernando Ortiz data la presencia de Oba Tero en La Habana a los comienzos de 1870, cuando ella y su marido Ño Julio dirigieron un cabildo en Guanabacoa. Alrededor de este tiempo, Ño Julio puso en servicio un sistema de tambores Batá para el cabildo de los constructores de tambores famosos de La Habana Ño Juan “EL Cojo” (Aña Bi) y Ño Filomeno García (Atandá). Fernando Ortizha demostrado claramente que Ño Julio y su esposa dirigieron el cabildo. Aunque Ño Julio era importante en la asociación, la Olorisha principal en el cabildo era su esposa, a que la tradición oral dice era Ma Monserrate González – Oba Tero. Esta destacada mujer funcionó como un Oriate y alrededor de 1873 se trasladó a Las Alturas de Simpson, que se encuentra en la providencia de Matanzas. Un lugar que muchos Olorisa consideraban el Corazón de África de Matanzas. Cuando Julio y Monserrate cerraron su cabildo en Guanabacoa y salieron para Matanzas, tomaron con ellos los tambores Egbado y el juego de tambores Batá que Aña Bi y Atandá habían construido. El misterio rodea el viaje de los tambores y una anécdota mantiene que después de la muerte de Julio, el sistema de tambores Batá desapareció sin rastro. El misterio se complica por el testimonio de los descendientes religiosos de Oba Tero, que parecen no saber qué pasó con ellos. Algunos incluso disputan o niegan su papel de haber llevado los tambores Batá a Matanzas. Pero, incuestionablemente, los tambores Batá aparecieron en Matanzas. Hay evidencia documentada que establece el uso de los tambores Batá en una celebración que ocurrió en el Cabildo Santa Bárbara el 4 de diciembre de 1873: “Un inspector de la ciudad de San Francisco informó al gobernador civil la ciudad de Matanzas sobre un incidente significativo en el Cabildo Lucumí Santa Bárbara, situado en la calle de Manzaneda, en la esquina de Velarde, donde Ño Remigio Herrera Adeshina tocó 3 tambores extraños que él llamaba Batá, en las celebraciones del 3 de diciembre ”.

Pero cuando Oba Tero se unió al Cabildo, lo primero que hizo fue que los Bata Drums tocaran en un Tambor de Fundamento en honor a Shangó. Esta fue la primera vez que la Bata jugó en Matanzas. A partir de ese momento, Oba Tero fue el principal Oriate del Cabildo.

Por qué, entonces, encontramos Adeshina de regreso en Matanzas tocando los tambores Bata en 1873, cuando para ese punto él había establecido ya su residencia en Regla, aunque es posible que él viviera en ambas ciudades y viajara de una a otra, esto parece inverosímil, en vista de su cabalgante edad y del período histórico en cuestión. Más probablemente, Adeshina, ya bien conocido en Simpson, hizo un viaje a Matanzas para acompañar a Oba Tero y los tambores que serían utilizados en su cabildo, así como para introducir a la Sacerdotisa y los tambores del Batá a la comunidad de Orisa. Fernando Ortiz ha establecido que el uso de los tambores Batá en Cuba se originó en La Habana, en la ciudad de Regla, en donde los tambores fueron hechos. Y según expedientes de archivo de Matanzas, hasta 1873 tales tambores no eran conocidos en esa ciudad. Por otra parte, la tradición oral de los tamboreros Batá mantiene que fue Adeshina el que entrenó a las primeras generaciones de tamboreros Batá en esa ciudad.

Entonces, Adeshina fue la conexión más probable a través de la cual Oba Tero vino residir en Matanzas. Para el momento en que Oba Tero se mudó a Matanzas, los 2 habían establecido una cercana y confiable relación. Según todas las fuentes, eran aliados inseparables. Tanto confiaba Adeshina en Oba Tero que permitió que ella ordenara a su hija Pepa (Eshubí) como Sacerdotisa de Elegbá, el Orisa del destino y las encrucijadas. Lo más probable es que Adeshina fuera quien ayudó a Oba Tero a establecer el contacto con los Lucumí de Matanzas. El cabildo que Oba Tero dirigió en Simpson era el mismo Cabildo Lucumí Santa Bárbara que Adeshina había establecido originalmente allí después de su emancipación. El rápido crecimiento de la reputación de Oba Tero como Sacerdotisa, fue grandemente ayudado por la afirmación de Adeshina de su estatus. Muchos en Simpson también continuaron asociando el cabildo a Adeshina y lo consideraban su residencia en Matanzas.

El movimiento de Oba Tero a Matanzas se pudo haber propulsado por una serie de escaramuzas competitivas entre los Olorisa de Lucumí de La Habana en la segunda mitad del siglo XIX. En lo que se denomina como La División de La Habana, se dice que cierta fricción surgió en La Habana entre Oba Tero y una Sacerdotisa de Oyó de otro Ilé Osha de La Habana, la distinguida Latuán. Durante este período, los pocos cabildos Lucumí que existían en La Habana eran dirigidos sobre todo por Iyalorisa emancipadas, posiblemente de origen Egbado, quienes representaban a los primero Yoruba traídos a Cuba a finales del siglo XVIII y comienzos del siglo XIX. En África, las mujeres habían desempeñado un papel instrumental en el ritual religioso; en el palacio de Oyó, por ejemplo, 8 Iyalorisa, con títulos de Dama, se dedicaban a atender los deberes religiosos y las necesidades del Alafín. Por los 1860, estas Iyalorisa, que habían sido transportadas como esclavas a Cuba, manejaban mucho poder en la comunidad Lucumí y no hacían esfuerzo alguno de ocultarlo. La Regla de Osha que se estableció en la isla, está endeudado a la persistencia, a la rigidez y a la robustez de estas mujeres.

Oba Tero es responsable de muchas cosas en nuestra religión. Ella es parcialmente responsable de traer la ceremonia de Asiento o Kariocha, como la conocemos hoy, a Cuba. Ella es parcialmente responsable de la unión de los seguidores de Ifa y Ocha en Cuba. Ella enseñó a los Arara el arte de la adivinación diloggun, que no tenían. A cambio, los Arara le enseñaron a Oba Tero los secretos de Babalú Ayé y Olokun, de los cuales todos tenemos o podemos beneficiarnos. Ella vino de África con el conocimiento de Orishas infrecuentes tales como: Yewá, Oduduwá, Boromú y Boronsiá.

Muerte

Ma. Monserrate González, ¨Oba Tero¨, muere en 1907 y todos están de acuerdo que su muerte fue por causas naturales

 

 

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