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Fermina Gómez Pastrana fue una personalidad religiosa, que desde la descendencia egbado de Matanzas hizo aportes a nuestra cultura, representando el culto a Olókun en Cuba y América

Fermina Gómez Pastrana nació el 12 de octubre de 1844 en el pueblo de Alacranes, provincia de Matanzas. Posteriormente se trasladó a la ciudad de Matanzas. Los que la conocieron afirman que tenía un carácter dulce y que era muy atenta. En su casa había una cría de gansos que en determinadas fechas del año sacaba a la calle.
Ya hemos hecho referencia a las particularidades de su iniciación en la Osha. Se casó con Federico de la Torriente, con el que tuvo varios hijos, entre ellos Víctor Tomás que llegó a ser babalawo, y entre las féminas algunas que trascendieron como santeras muy populares en Simpson como Celestina y Concepción conocida por Concha. En la familia todos eran religiosos y ella llegó a tener una numerosa cantidad de ahijados. El hecho de que se le ocurriera «entregar» el fundamento de Olókun a personas no iniciadas aún en la Regla de Osha o Santería, le confirió una celebridad dentro de los santeros que perdura hasta nuestros días.
Su figura es controversial, pues, a pesar de que todos los Olókun que existen hoy día provienen de Fermina, hay quienes afirman que no se explican cómo una mujer fue capaz de hacer algo así, porque Olókun es una divinidad que sólo puede ser entregada por babalawos.
Esta portentosa mujer que falleció pocos días antes de cumplir ciento siete años, al morir no padecía de ninguna enfermedad, simplemente de senilidad. Sobre su personalidad se han tejido las más variadas leyendas. Se ha dicho que Ferminita «era una princesa dahomeyana que había sido traída Cuba a finales del siglo xix para trabajar como esclava en las plantaciones de caña»; algunos fueron más lejos afirmando que poseía poderes sobrenaturales; «que su Olókun estaba en una habitación cerrada cubierto con siete telas de distintas gamas de azul, rodeado de arena, caballitos de mar disecados, estrellas de mar, arrecifes, mangles, y aperos de pesca»; «que en una oportunidad había entregado un fundamento de Olókun de metro y medio de altura». Quizá todas las leyendas que se han tejido a su alrededor se deban a que Fermina era una gran espiritista, por lo que también se ha afirmado que pertenecía a una sociedad secreta de mujeres espiritistas, ¿sería acaso la sociedad Gueledé a la que hemos hecho referencia antes?
Sin embargo, los que sí resultan ciertos, son algunos acontecimientos religiosos en los que la Iyalosha matancera tuvo una participación decisiva como son: que desde 1944 ella instituyó la tradición de darle de comer a Olókun en el mar, ritos que se efectuaron aproximadamente hasta 1960 y luego se interrumpieron; y también fue ella quien primero entregó el fundamento de Orishaoko, el que se ha extendido por varios países de América. La herencia de Fermina en la metodología litúrgica de la Santería ha llegado hasta nuestros días y se mantiene como una referencia obligada para los creyentes.

La misa, que es imprescindible para iniciar las honras fúnebres correspondientes a todo santero que tenga más de quince años de iniciado, haya consagrado a otras personas en la religión y fuera presentado al tambor, se le celebró a Fermina en la iglesia de San Pablo, en Versalles, Matanzas. Esta tuvo lugar el 27 de diciembre de 1950, tres meses después de su fallecimiento, en ella participaron innumerables personas de las clases altas de la época, de las capas más pobres de la población, así como religiosos de toda la provincia.
En el cementerio de San Carlos de la antes referida capital de provincia, aparece el asiento correspondiente al 27 de septiembre de l950 con el nombre María Pilar Gómez Pastrana, verdadero nombre de Fermina, lo que hasta ahora parece ser desconocido por la mayoría de
las personas, incluso por aquellas que la conocieron en vida. En la tarja que se encuentra sobre su tumba dice: «A Fermina Gómez de su familia». Nos preguntamos entonces, cuál fue la razón por la que nunca su verdadero nombre fue conocido. ¿Se debe acaso al temor de que al ser conocido su nombre, fuera usado para hacerle daño? ¿Existe alguna otra razón que no podamos siquiera imaginar? ¿Le prohibieron sus orishas revelar su verdadero nombre? Todo lo anterior queda en el mis- terio, ya que, posiblemente, no hay nadie que pueda dar una respuesta. Buscamos el certificado de defunción en donde reza el nombre de María Pilar y coinciden la fecha y la dirección.
Fermina Gómez Pastrana fue una personalidad religiosa, que desde la descendencia egbado de Matanzas hizo aportes a nuestra cultura, representando el culto a Olókun en Cuba y América, en una época hostil y de persecución. En ella estuvo la dedicación, responsabilidad, seriedad, paciencia y amor que esta consagración conlleva para la vida de un religioso, para con él mismo, con su familia de sangre y de santo y con su comunidad; por lo que fue bendecida por Yemayá y Olókun. Aún en la actualidad, a más de medio siglo de la fecha de su desaparición, sus buenas energías irradian, para que no se pierda en falsas leyendas, el legado que nos ha dejado.
Puede ocurrir que la casa de Fermina termine siendo olvidada y que ni los fieles ni ninguna asociación religiosa afrocubana, u organismo internacional se acuerden de ella. Puede que los tambores, algún día, pasen a la custodia de otras personas y que en vez de convertirse en frías piezas de museo, continúen vivos en los oficios de los ritos ancestrales. Puede que todo eso ocurra, pero la verdadera casa de Olókun, el mar en toda su extensión, continuará donde está, advirtiéndoles a los humanos que no se debe desequilibrar la naturaleza, que el efecto invernadero, resultado de toda la contaminación que sufre nuestro planeta y que ocasiona tormentas, cataclismos y otras desgracias, puede provocar que un día Olókun vuelva a invadir la tierra y entonces, los humanos, los animales y la vegetación suframos las consecuencias de la gran desobediencia y Akaró se apodere de todo. Eso es lo que quisieron trasmitirnos nuestros ancestros, procuremos que Sumugagá siga siendo la nodriza de toda la vida que nos rodea.

Texto tomado de la Casa Olvidada de Olokun un libro que puedes descargar a continuación:

 Luis Osha en Facebook 

 


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