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Las historias de los Orishas frecuentemente nos hablan de sus relaciones amorosas, hoy te traemos el “pacto” de Olokun con Orishaoko para poder estar juntos

Orishaoko no tenía mujer y vivía con su caballo y su carretón con los que buscaba sostén. En ese tiempo eran constantes las invasiones del mar. Cierto día en que caminaba por la costa, vio a una bella mujer y se enamoró. Al día siguiente regresó al lugar para conquistarla, ella le dijo: «mira yo me llamo Aganá Eri, y no puedo casarme porque tengo un defecto». Él le contestó: «No im- porta». «Está bien repuso la mujer— pero haremos un pacto, si mencionas mi defecto nos separamos».
Aganá Eri era muy linda pero su cuerpo estaba defor- me, tenía una pierna flaca y la otra gruesa, le faltaba un seno y tenía pelotas en el vientre.
Olofin les dijo: «Deben casarse por cuanto tú, Orishaoko, te has enamorado de mi hija en la tierra y yo le he hecho un reino aparte en el fondo del mar para que nadie la humille, así que tú no lo hagas».
Orishaoko juró ante Olofin no echarle en cara sus defectos a la mujer, durante tres años vivieron felices, pusieron un negocio donde Orishaoko sembraba aguadó y Aganá Eri lo vendía en la plaza. Cierto día discutieron y le echó en cara a la mujer todos sus defectos, rompiendo el juramento. Fue tan grande el bochorno de ella, que su rostro se transformó en muerte, debido a las huellas del dolor por la pena que le hacía pasar el hombre que tanto le había suplicado su matrimonio. Entonces le dijo a su marido: «Mientras el mundo sea mundo te detestaré y vivirás separado lejos de mí, cuando quiera me pasearé por tus dominios y penetraré y nunca mencionaré palabra alguna. Deberán rogarme y pagarme las contribuciones, y salvaré a todos mis hijos. Nombraré un portero para que reciba a los hijos de la tierra y a ti te castigaré con tu propia arma, tus animales te atacarán, tu tierra se volverá hostil, tus hijos no serán tuyos, no recogerás el fruto que cultivas y pisarán tu tierra».

 

 

Olofin desató una sequía en la que las cosechas murieron, el ganado y la tierra se secaban y agrietaban y el caballo de Orishaoko no quería trabajar. Orishaoko fue donde Orula quien le recomendó: «Recolecta de todas las frutas que produces y algunas aves y un cerdo, haz una barca y pagándole el derecho al portero de Olókun échalo todo al mar, después recoges sobrantes de comida y tierra de la plaza y con dos akukó se los das al pozo, y de los dos bueyes que tienes dale uno a Olofin para que evites una epidemia venidera».
Orishaoko lo hizo y Olofin le mandó a buscar y le dijo: «Te perdono, desde hoy serás el dueño de la siembra y los aperos de labranza, pero la tierra siempre vivirá separada del mar».

 Robert Peralta de Armas en Facebook 

 


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