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El tambor consagrado, o de fundamento, constituye uno de los eventos de mayor relevancia en cualquier Ilé de Ifá u Osha

Esta ejecución instrumental y vocal se convierte en pretexto para que nuestra feligresía se engalane y se exhiba en los distintos ámbitos en los que se desenvuelve tal actividad. Tanto para el público que asiste a los tambores, como para nosotros mismos, los tamboreros, cada acto está rodeado de una anécdota, de una historia positiva, y otras veces, no tanto, debido a ciertos comportamientos que no se corresponden con el protocolo ni con la esencia de una ceremonia de esta envergadura.

Para quien da un tambor, esa es la manera de obsequiar o cumplir con sus deidades y, sean cuales sean sus posibilidades económicas, siempre constituirá un momento de importancia social y religiosa, por lo que es importante conocer las normas que deben imperar en sus preparativos. De este modo, tanto los Orishas, incluyendo Añá, a los tamboreros, Babalawos, Olo Oshas y toda la comunidad asistente, cumplirán a cabalidad con su participación, garantizando un ambiente de armonía, paz y respeto para todos. Una fiesta con tambores de fundamento es, en esencia, un ritual de agradecimiento y limpieza, el cual debe guardar una cierta etiqueta, unas reglas mínimas y, a veces, tácitas que deben observarse para un optimo desarrollo de esta expresión sonora y bailable, evitando religiosos y altruistas de las mismas, respetando sus perfiles originales y tradicionales.

DEL “LEVANTE” DEL TAMBOR. En condiciones idóneas, y una vez que se ha tomado la decisión de dar una fiesta de tambor, el mismo debe ser convocado o “levantado”, tan pronto como sea posible, para evitar contratiempos , al demorarnos y no hallar una agrupación disponible.

 

 

Tradicionalmente se acostumbraba a que el oferente acudía a la residencia del Lerí Añá del tambor seleccionado y le llevaba el derecho de levante, consistente en un plato blanco con dos cocos, dos velas y el precio del trabajo en efectivo, cubierto en un sobre de papel. Además del tradicional levante es necesario acudir con una botella de aguardiente y un gallo.

En caso de no poder llevar esto, por complicaciones en cuanto a distancia física o imposibilidad de tiempo, se acostumbra dar al Lerí Añá el costo en efectivo de estos dos elementos.Debido a que nuestras agrupaciones se desplazan a lo largo y ancho de la geografía nacional, no siempre es posible cumplir con este requisito de asistir a la casa en donde vive el Añá. Empero, se le coloca ese derecho en la casa, ante el trono del Orisha agasajado, una vez vestido y arreglado el tambor con sus Ibantelés.

DEL ALMUERZO O COMIDA RITUAL. Si bien es cierto que la llamada “mesa de Añá” no figura especificada en Oddun de Ifá alguno, es producto de la tradición. Antiguamente, el tambor y los tamboreros dormían desde la noche anterior en la casa donde vivía el tambor. El dueño o la dueña de la casa en donde darían la fiesta, se comprometían a facilitarles las condiciones necesarias de espacio y alimento para poder trabajar ese dia, quedando como tal, instituida la comida de los Omo Añá.

El almuerzo o comida ritual ha adquirido carácter ceremonial y toma buena parte de sus elementos formales de la mesa de Ifá, la cual si está consagrada en el Oddum Osa Meyi. La comida servida puede ser de tipo convencional, como la que comen las personas a diario.Si no hay ninguna especificación por parte del Leri Añá del tambor levantado, entonces se hace, cualquier tipo de comida casera, siempre y cuando sea sazonada con gusto y servida en las mismas condiciones.En lo posible, y sobre todo debido a las prohibiciones que cada tamboreo pueda tener en su eventual Itá, se desaconseja servir comida de santo, de la misma que sirven en la fiesta del día del medio.

La comida deberá estar acompañada de pan y vino. Deberá servirse en una mesa rectangular, usando fuentes. De las fuentes se lleva a los platos individuales. La ideal para estas labores es una hija de Oshún, aunque en su ausencia puede ser una Yemayá. Ni las hijas de Oyá ni de santos varones, deberían servir esta mesa ritualizada.

Los tamboreros serán servidos en orden de mayor a menor, empezando generalmente por el dueño del tambor, a no ser que este cuente con un invitado cuya jerarquía lo lleve a subvertir este orden. A una orden del mayor de turno, el resto de los Omó Alaña comenzaran la ingesta.Una vez concluida la comida, la apetebbí retira fuentes, jarras, botellas, vasos y cubiertos. Los tamboreros quedarán con los platos para hacer una pequeña ceremonia de levantamiento de la mesa.

Luego, hay una ceremonia con la cual la apetebbí cierra su labor. Este trabajo implica un derecho de servicio o pago simbólico, cuyo monto es sujeto a criterio del Omo Añá. Acto seguido se concluye la comida para continuar con los aspectos restantes del tambor de fundamento.Cabe añadir que, a pesar que las mujeres y los homosexuales NO se juran en Añá, pueden cantar en un tambor y, en caso de que así fuera, se les debe servir de la misma comida, pero en lugar diferente al de la mesa ritual.

DE LA CONDUCTA DE LOS ASISTENTES A LA FIESTA. Uno de los aspectos más polémicos de la fiesta de tambor consiste en la vestimenta de sus participantes. El protocolo en todas las ceremonias de religión indica que los oficiantes deben ir en ropa blanca limpia, bien aseados y rasurados. Esta actitud aplica los Omo Alaña y habla de la pulcritud y ponderación de los mismos y del tambor en general.Deberán también en caer en lisuras y excesos de confianza con la población especialmente la femenina que asiste al evento.

La buena educación y los buenos modos deben imperar en la relación de los tamboreros con el público y viceversa.Por el lado de los asistentes, las damas, muchas de ellas poseedoras de exuberantes atributos físicos, deben evitar hacer exagerada exhibición de los mismos, para no generar situaciones incomodas para sí mismas, quienes deben cuidar algún accidente por lo pequeño o ceñido de su ropa, o para quienes la acompañan, que en momentos podrían malinterpretar algún gesto de picardía masculina y responder de manera poco diplomática.

Minifaldas y escotes muy pronunciados conducen a veces a situaciones embarazosas, difíciles de manejar por sus propias portadoras. Una vestimenta discreta, aunque moderna, sería lo aconsejable en tales casos. El uso de falda es imprescindible en la mujer, así como el uso de pantalones largos en el caso de los hombres. Una solución adecuada a cualquier mujer que guste de usar ropas muy cortas o descotes, es la de llevar alguna prenda para taparse mientras realizan su saludo o cuando están cerca de algún montador de santo.

Les permite evitar incomodidades y también participar cómodamente del baile y el ceremonial. En cualquier caso, las normas de la ropa discreta, se corresponden con la tradición Orisha e Ifá afrocubanos.Lo mismo sucede en Añá a pesar del ánimo festivo que rodea a su presencia.Hombre y mujeres por igual deben evitar acercarse demasiado a Añá, puesto que es una fuerza que trabaja en constante despojo y limpieza del osogbo circulante, y éste a veces puede tomarse magnético, literalmente “pegándose” a las personas.

Dejemos entonces que Añá y sus sacerdotes desarrollen su labor limpiadora y mantengamos una prudencial distancia.Cuando se toca para un Orisha en particular, los iworos o santeros que tienen coronado ese santo son los que deben bailar adelante, justo enfrente del tambor. Esta área está reservada exclusivamente para las personas que tienen ceremonia de “yoko” o de asiento de santo.

En ningún caso bailararan adelante los aleyos. Hay casas donde inclusive se les saca fuera durante la ejecución.. Esto lo estimamos algo exagerado, pues el tambor de fundamento es una ceremonia pública en la que todos pueden participar. El aleyo puede permanecer en el área de baile, pero siempre detrás de los oloshas o santeros. La energía despedida por Añá podría suscitar en el aleyo reacciones inesperadas y hasta violentas, como trances de incontrolables y hasta posesiones violentas.

DE LA PRESENTACIÓN DE LOS IYAWOS. Durante la presentación de los iyawos, independientemente de si se presentan a la forma propia de La Habana o de Matanzas, los asistentes oloshas deberán hacer procesión detrás del iyawó que se está presentando. Van marchando al ritmo de la música custodiando su espalda y, cuando se tira o saluda, los demás, excepto su madrina u oyugbona, tocarán al piso, no importa la edad religiosa que tengan.Esto es señal de respeto a Añá y a la cabeza que se está en ese momento representando a la Osha. Hay casas que acostumbran a tirarse, tanto el iyawó como los acompañantes, al momento de saludar en el tambor y hay otras en las que simplemente le tocan la espalda o el hombro. Sea cual fuera la forma acostumbrada, la actitud reverencial debe mantenerse durante toda la presentación.

Ni celulares sonando, ni personas conversando son adecuados en esta parte de la ceremonia, debido a que pueden distraer la atención del iyawó que se presenta.Es deseable también que hagan coro al Oro Mayoko si es presentación habanera o el Mariboyeye si es en estilo Matanzas. La asistencia religiosa debe sentirse y su participación constituye una plegaria colectiva para los Orishas.

DE LA LLAMADA AL ORISHA. Durante el baile, el cantante del tambor deberá favorecer el trance o descenso de la entidad agasajada en primer lugar. Si hay un sacerdote elegido para ello, será él quien acuda a esa “llamada” acompañado de otros sacerdotes de su misma deidad, quienes bailaran detrás del, pero conservando un espacio entre ellos y el resto de la concurrencia.La llamada al santo deberá hacerse, primero cantándole tonadas suaves de alabanza, y luego calentando el canto hasta llegar a los cantos “de puya” en donde se le convoca de modo más enérgico a venir. Todo esto dentro del mayor respeto al ángel de la guarda de la persona cuyo trance se esté procurando, sin gritos destemplados ni actitudes no armónicas.

Una vez que se produce el estado deseado y Osha baja “a tierra”, a la entidad hay que serenarla cantándole alabanzas para que entienda que su descenso a nosotros es procurado y bienvenido. Los asistentes si hacen palmas “de clave” no deberán hacerla exactamente al lado del montador pues, según lo explicado por algunos montadores, en conversaciones fuera de ceremonia, asusta a la deidad y los desconcentra a ellos. Si bajar a Orisha es la finalidad en ese momento, entonces se procurará darle todo el espacio y las condiciones necesarias.

SOBRE EL ORISHA EN TRANCE. Apenas llegado cualquier Orisha a la tierra, se deberá atender de la manera adecuada. El criterio para que permanezca o se retire dependerá de sus mayores y, esencialmente, de si tiene o no ashé lenú, ceremonia que le permite comunicarse que le permite comunicarse con los humanos.Los consejos que un santo en estado de trance prodigue a los creyentes no deben ser, en modo alguno, objeto de comercialización ni mercadeo. No se monta al santo para luego negociar con su presencia. Si el santo pedía dinero o alguna prenda, era para darlo a otra persona que estuviera necesitada pero nunca para propio beneficio.Corresponde preservar nuestro patrimonio religioso como un legado, limpio y hermosamente palpitante para las próximas generaciones. Maferefun Aña! Maferefun gbogbo Orisha ati gbogbo Osha!

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