En varias ocasiones he escuchado gente decir que La santa muerte es Iku, Oya y hasta una prenda de Palo, pero esto es un error
Algunas personas no entienden que la cultura de venerar a la santa muerte nada tiene que ver con la regla de Osha-Ifa ni con el Palo mucho menos con el espiritismo.
En este punto mi respuesta es: La santa muerte es una figura de culto mexicano, que recibe peticiones de amor, afectos, suerte, dinero y protección, así como también peticiones malintencionadas y de daño a terceros por parte de sus fieles. La historia del culto tiene un largo proceso de evolución que se puede dividir en dos etapas. Una larga etapa de gestación donde se fueron conjugando los distintos elementos que va desde la época prehispanica, pasando por el catolicismo de la época colonial, llegando hasta la mitad del siglo XX. El origen muestra detalles de un sincretismo entre distintos elementos del culto prehispánico por los muertos, los dioses aztecas y mayas relacionados y de la iglesia católica. Y por otra parte la santería tiene raíces africanas, tiene deidades africanas, y por lo tanto IKU y LA SANTA MUERTE son dos cosas distintas, son dos cultos distintos, son dos raíces distintas.
Ikú es en sí la muerte misma, la que por mandato de Olofin viene a buscar a aquellos que se les ha acabado el tiempo en la tierra, para que luego Olodumare decida el destino de ellos, si irán al Ará Orún, o deberán volver al Aiyé para terminar su misión. Ikú dejó de ser Orisha por su arrogancia y pasó a comandar a los Ajogún ó guerreros del mal (aro, ofo, esse, egba, fitiwó, akobá, etc).
Viste de negro, ceniza oscuro o marrón oscuro. Perdió su duelo con Orunla, por eso debe respetar a sus hijos y llevarlos solo cuando Olofin lo marque. No posee culto particular, sino a través de Eggun u oro.
No se le inmola ni se le realizan otro tipo de ofrendas.
REGLA DE OCHA:
En la santería Regla de Ocha existe un refrán que dice:
IKU LOBI
OCHA que traduciéndolo significa: EL MUERTO PARIÓ EL SANTO.
PATAKIE
Al comienzo del mundo no se conocía la Muerte. Un día los jóvenes se quejaron a Olofin de que había tanta gente que no alcanzaban los alimentos para todos. Olofin llamó a Oyá y le pidió que llevara a Ikú a la Tierra, pero esta no estuvo de acuerdo, pues no cría justo que los hombres la odiaran y le pidió que la relevara de semejante misión.
Entonces Olofin entendiendo que tanto los jóvenes como la Orisha tenían razón, le dijo: –Bueno, eso podemos arreglarlo, primero enviaré a Babalú Ayé para que lleve a Arun(enfermedad) a la Tierra y cuando los hombres se enfermen, tú les llevarás a Ikú.
IKÚ Y OGGÚN.
Cuando Olofin confió su gobierno a Ikú y Oggún, no se conocían las enfermedades ni los sufrimientos. Un día en que los jóvenes organizaron una fiesta, uno de ellos compró otí y le brindó a Oggún que bebió hasta emborracharse.
El dueño de la forja y los metales se acostó a dormir. Al rato, llegó Ikú que debía consultarle unos problemas urgentes y quiso despertarlo. Oggún furioso le cortó una mano a su compañero con el machete. La sangre corrió por todas partes. Todo aquel que la pisó se enfermó gravemente.
Fue así que se conoció la enfermedad en la Tierra.
Ikú deambulaba de noche escondido tras su ropaje negro, y se llevaba a todo el que se le antojara. Las únicas tierras que respetaba eran las de Oggún y Ochún; y tanto daño hizo, que los demás orichas decidieron ir a casa de un sabio en la tierra de Ará Ifé, donde la muerte no cabía. Se quedaron sorprendidos al ver que este awó utilizaba unas semillas negras, divididas en dos, enganchadas en una cadena (ékuele), y dos collares: uno de semillas amarillas y otro de semillas verdes.
No sabían para qué se utilizaban: eran iguales a las que se llevaban en los territorios de Oggún y Ochún, donde la muerte no hacía estragos.
Ninguno de los reyes se atrevió a comentar lo que había visto, por temor a que el awó fuera amigo de la muerte o tuviera algún pacto con ella, y penetrase en su tierra de Ará Ifé Ocha.
Obatalá, al ver la confusión, se apareció y les dijo: «Yo descubro lo bueno y lo malo por ser hijo predilecto de Olofi y su intermediario entre ustedes y Él. Comprendo que no se atrevan a decir lo que piensan pues temen a este sabio, quien puede ser amigo de la muerte y también de Oggún y Ochún». Obatalá, elevando los ojos al cielo, declaró: «Como no han sido capaces de unificarse en la tierra por la ambición del poder, vengo con los dieciséis rayos de sol que Olofi me entregó para lograr esa unidad.
Esta es la casa sagrada de lfá, la cual ustedes no han querido reconocer por no llevar nombre de reyes, donde viven Olofi y el sabio, que es Orula.
Este es el único a quien la muerte obedece en la Tierra». Orula saludó con todo respeto a Obatalá y registró, saliendo el oddun Ogbe Fun, donde se unen las semillas verdes y amarillas. El verde de su identidad y el amarillo de la de Ochún, indican dónde el oro, la sangre y la vida constituyen la mitad del mundo.
Las semillas negras con la cadena representan a Oggún, quien significa, por mandato de Olofi, la muerte. Por eso no moría nadie en Ará Ifé Ocha; y mandó a colocar detrás de la puerta de la casa una bandera blanca.
Orula explicó que, al lograr la unificación de todos ellos, se les entrega el idefa, manilla de semillas verdes y amarillas, para que les proteja contra la muerte.